“¿Podría ser Locura – esto?”:
el arte y el terror en un poema de Emily Dickinson

Leonardo Martínez Vega

La imagen de la poetisa norteamericana Emily Dickinson como una solterona misteriosa, una figura casi fantasmal que sólo emergía de su reclusión autoimpuesta para realizar caminatas crepusculares, parece casi un caso de estudio en el motivo de “la loca en el ático”, propuesto por Gilbert y Gubar, en su texto canónico del feminismo literario anglosajón The Madwoman in the Attic. Por supuesto, la vida y obra de Dickinson no se limitaron a encarnar a esa figura, aunque es indudable que aprovechó su personaje de reclusa “peculiar” para crearse el espacio y el tiempo indispensables para dedicarse a la poesía (anticipándose a la propuesta de “Un cuarto propio” de Virgina Woolf). Así, a diferencia de Bertha Mason (de Jane Eyre), la “locura” de Dickinson le permitió perfeccionar su arte, sin verse obligada a atender a un marido o a sus hijos.

Por supuesto, no es éste el lugar o el momento para reducir su vida a ese desequilibrio mental fingido, ni de realizar un análisis feminista de su obra, si no de enfocarnos en uno de sus poemas y sus aspectos complejos e inquietantes. Aunque la temática “oscura” es una de las que mayor atención ha recibido (y ése es un aspecto que se le ha criticado a la antología de sus poemas preparada por otro poeta complejo y proclive a los temas perturbadores, Ted Hughes), los poemas de Dickinson son eminentemente místicos, tanto en lo que respecta a la recreación del encuentro con lo Divino, como en la observación de la Creación y de sus criaturas. No se trata, por supuesto, de una religiosidad estéril, sino de la experiencia latente (inquietante y perturbadora) de lo infinito y lo eterno.

DickinsonAunque el poema en cuestión retrata sin piedad un “momento oscuro del alma” que carece de conclusión iluminadora, la intención de este texto no es encasillar a Emily Dickinson como una persona de sensibilidad morbosa. Por supuesto, elegir uno de sus poemas más “góticos”, también involucra un intento de redimir el valor literario del terror (que aún hoy es un patito feo de la literatura y la crítica literaria, junto con la ciencia ficción y la fantasía épica). Sin caer en una entronización acrítica de la literatura popular, es innegable que la literatura de terror trabajada a conciencia no sólo logra provocar reacciones viscerales, sino que también abre la puerta a la exploración de inquietudes más profundas en el alma y la mente.

Antes de entrar de lleno al poema en sí, cabe mencionar una de las características más marcadas, literalmente, de la escritura de Dickinson: su persistente uso de los guiones largos, los cuales fueron tajantemente eliminados de los únicos ocho o diez poemas que llegó a publicar en vida (con el propósito de hacerlos más comprensibles y presentables). En general, estos guiones sirven para marcar el ritmo del poema, ya sea reiterando u obligando las pausas en la lectura.

410

The first Day’s Night had come —
And grateful that a thing
So terrible — had been endured —
I told my soul to sing —

She said her Strings were snapt —
Her Bow — to Atoms blown —
And so to mend her — gave me work
Until another morn —

And then — a Day as huge
As Yesterdays in pairs,
Unrolled its horror in my face —
Until it blocked my eyes —

My Brain — begun to laugh —
I mumbled — like a fool —
And tho’ ‘tis Years ago — that Day —
My Brain keeps giggling — still

And something’s odd — within —
That person that I was —
And this One — do not feel the same —
Could it be Madness — this?

410

La primera Noche llegó —
y agradecida por haber
sobrevivido — a un Día tan terrible
le ordené a mi Alma cantar —

Sus cuerdas estaban rotas —
su Arco — hecho Partículas —
así que arreglándola — trabajé
hasta la Mañana siguiente —

Y entonces — un Día enorme
como Ayeres de dos en dos,
desplegó su horror frente a mí
hasta que cegó mis ojos —

Mi Cerebro — comenzó a reír —
murmuré — como una tonta —
y aunque hace Años que ocurrió — ese Día —
mi Cerebro ríe — aún.

Y Algo raro pasa — adentro —
esa persona que yo era —
y Ésta — no parecen ser la misma —
¿podría ser Locura — esto?

Este poema comparte con la literatura de terror el recurso del miedo ante lo desconocido. La naturaleza específica de los acontecimientos de los dos días a los que hace referencia el poema es irrelevante: podría tratarse de acontecimientos pedestres magnificados o de un tormento existencial de dimensiones cósmicas. Sin embargo, el desequilibrio mental que causan en la voz del poema es tal que no podemos cuestionar la intensidad del sufrimiento y el horror previos.

La duda respecto de la igualdad entre “esa persona que yo era” y “Ésta” y la voz poética (expresada en la contundente frase final, cuya gramática cuidadosamente irregular redondea el poema) se va perfilando ya desde el primer encuentro con lo innombrable. El eco del Génesis bíblico podría tentarnos a buscar un significado alegórico en este poema, pero también es muy posible que se trate de un recurso literario para transmitir la intensidad titánica (o divina) del acontecimiento.

Sin embargo, ese “Algo” por terrible que haya resultado, no le impide a la voz recurrir a su alma en busca de una redención a través del arte. El punto clave sigue siendo que el horror ha sido tal, que la capacidad artística y estética del alma ha sufrido un embate brutal, aunque no absolutamente devastador.

Por el contrario, el horror del segundo día demuestra ser insuperable para el alma. Es casi tangible (o al menos visible) y su intensidad es tal que produce ceguera. Es importante resaltar que la estrofa en que se relata el efecto de ese día de horror por duplicado está prácticamente exenta de los guiones largos que en las estrofas previas marcaban el ritmo (la estética) y en los siguientes dos versos imponen un ritmo irregular (la locura). El arte derrotado y la vista perdida: al cerebro no le queda otro recurso que reír, para eludir el terror ante lo innombrable.

Solución drástica que sobrepasa la noche en vela dedicada a reparar el alma y se extiende a través de los años, aunque sea con una risita (el “giggling” del original para el que no existe una traducción fácil, al menos no sin extender demasiado el verso). Sin embargo, esa risita ha cimbrado la identidad de la voz, quien duda que la voz del ayer y la voz del presente sean la misma: en suma, que compartan a la voz misma como referente, como ancla en la realidad. Es así que resulta obligatoria la pregunta final del poema y paradójicamente lógico el ritmo arrítmico de sus versos.

Por supuesto, como se ha mencionado antes, la obra poética de Emily Dickinson no está habitada exclusivamente por voces oscuras (las cuales podrían ser consideradas como preludio a las voces luminosas). Este texto es apenas una invitación a descubrir o reencontrar las profundidades y complejidades literarias y espirituales de la gran reclusa de la literatura estadounidense.

http://www.goodreads.com/a_blazing_world

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