No es difícil suponer que hace cuarenta años, cuando Neil Armstrong imprimió su huella sobre la superficie lunar, nadie hubiera imaginado que la celebración de tal suceso habría de ser opacada por la muerte de un cantante pop decadente y alienado. Este hecho, nimio en apariencia, es un síntoma irrecusable de la confusión en que el mundo se ha sumido en nuestros días, y al parecer tendrán que pasar varios años para poder encontrar un rumbo menos sombrío. No obstante, si la historia nos ha legado alguna enseñanza es que, paradójicamente, son esos estados de caos e incertidumbre los que generan el desarrollo del pensamiento humano. Sin ánimos de caer en un optimismo ramplón y gratuito, letras e intrusiones sigue confiando en la capacidad reflexiva e imaginativa del hombre para hallar la salida de ese túnel que por momentos parece interminable. Así pues, el cuadragésimo aniversario de “la llegada del hombre a la luna” –esa frase tan mentada que hoy en día parece casi desprovista de todo su esplendor–, es motivo suficiente, no para celebrar, sino para proponer, en Gabinete, una oportunísima reflexión sobre el estado actual de la ciencia. El aporte se intitula “Belleza, encanto y extrañeza: la ciencia como metáfora”, y proviene de la pluma del escritor irlandés John Banville. A poco más de una década de su publicación para la revista Science Magazine, las ideas de Banville aún se mantienen vigentes. A través de una perspectiva eminentemente literaria, el autor propone replantear el papel de la ciencia en la sociedad contemporánea. Irónico, contundente, siempre preciso, Banville demuestra que la ciencia y el arte, después de todo, no son tan distintas, que sus orígenes se cimientan en la razón y la imaginación, combinación infalible para comprender y explicar el mundo. Es precisamente a esos orígenes donde Banville desea volver a encauzar el pensamiento científico actual. Otro motivo justifica la publicación de este texto: la divulgación de un escritor que, incomprensiblemente, ha sido muy poco leído en nuestro país, a pesar del amplio reconocimiento que goza en tierras europeas.

En Disecciones presentamos el ensayo “¿Dónde está y quién es el dottore Pasavento?”, en el que Omar Montero discurre sobre la desaparición como metáfora del extravío de identidad que padece el individuo, sin duda otra de las preocupaciones recurrentes de las sociedades contemporáneas. EnReconstrucciones Leonardo Martínez Vega nos entrega el texto “‘¿Podría ser Locura – esto?’: el arte y el terror en un poema de Emily Dickinson”, traducción y comentario sobre el “Poema 410” de la poeta estadounidense, protagonista de otra de las grandes desapariciones voluntarias de la literatura. En efecto, reclusa por convicción, reclusa de sí misma, Dickinson concibe su poesía desde lo más profundo de su individualidad para estremecer las fibras de la conciencia humana, ese espacio donde se gesta la sustancia de la universalidad. Para cerrar con esta edición, Alejandro Nájera escribe para Al margen una reseña, acaso un tanto tardía, de la novela más reciente de Daniel Sada, Casi nunca, obra, también, de raíces y motivos profundamente locales que, sin embargo, no limitan sus implicaciones para la condición humana.

Sin más, esperamos que el presente número de letras e intrusiones sea de su absoluto agrado.

letraseintrusiones@yahoo.com.mx

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Disecciones

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