Les cuento sobre el verdadero rostro de mi Montalbano*

Andrea Camilleri (1)

De vez en cuando algún lector me pregunta: ¿pero cómo es el verdadero Montalbano? (2)  La pregunta no da a entender que exista por ahí un Montalbano falso: aquel “verdadero” se refiere al personaje de mis novelas, diferenciándolo de aquél, ya famoso en casi todo el mundo, maravillosamente interpretado en televisión por Luca Zingaretti (3). Yo sé cómo es mi Montalbano, no porque haya trazado sus señas escribiéndolo, sino porque sucedió que me lo encontré en carne y hueso. Naturalmente no se llamaba Montalbano y no era policía. Un día en la primavera de 1998, creo, me escribió desde la Universidad de Cagliari el profesor Giuseppe Marci invitándome a un encuentro con los estudiantes que habían frecuentado el curso dedicado a mi Birraio di Preston (4) (Selerio, 1995). Le respondí aceptando la invitación. Unos días después me llamó para acordar el día del encuentro. Concluimos los detalles y me dijo que iría a recogerme al aeropuerto. “¿Cómo haremos para reconocernos?”, le pregunté. Y el profesor me respondió que tendría en mano una copia del Birraio.

Así fue como encontré a Salvo Montalbano en el aeropuerto de Cagliari con mi novela bajo el brazo. Era verdaderamente impresionante su parecido con mi personaje. Diré aún más: la visión del profesor unificó en mí la imagen del comisario que hasta aquel momento era todavía como un rompecabezas al que le faltaban algunas piezas de fondo.

Un tiempo después Carlo Degli Esposti, el productor, comenzó a pensar en la serie de televisión y me pidió dilucidaciones sobre el aspecto físico de Montalbano. Yo me las arreglé rogándole al profesor Marci que le enviara algunas fotografías suyas. Sin embargo, no encontraron a ningún actor que se le pareciera y desistieron. De hecho, el talentosísimo Luca Zingaretti no tiene nada que ver con el Montalbano de mis novelas, basta con pensar que mi comisario tiene cabello y bigote.

Es muy divertido ver cómo imaginan a Montalbano en el extranjero. Algunas traducciones tienen en la portada un dibujo que recrea al comisario. En Estados Unidos aparece con un rostro duro y decidido que pertenece más a los investigadores privados estadounidenses del hard-boiled —o “novela negra”— que a un comisario de la Polizia di Stato, además de todo siciliano y gran comilón. ¡En Japón el dibujo de portada representa a un señor con sombrero y valija en mano, barbita a la Cavour y anteojos! Parece un alto funcionario del fisco. ¡Pero cómo se les pudo ocurrir ponerle anteojos a Montalbano que los odia y que además le reprocha a Auguello llevarlos!

Una vez, cuando ya había aparecido en televisión la primera serie de Montalbano, se convocó a un concurso de cartonistas para “traducir” a historieta algunas novelas con el comisario como protagonista. Cuando al final me enviaron a los tres finalistas, tuve la satisfacción de ver que ninguno de ellos se había dejado sugestionar por Zingaretti, pero al mismo tiempo me sentí un poco desilusionado porque no habían logrado atrapara la imagen. Entre estos dibujantes hay uno, de Génova, que ha convertido en historietas una gran cantidad de cuentos por recreación personal: pues bien, aún él se había dejado llevar por los rasgos somáticos de Zingaretti (5).

Estuvieron mucho mejor los tres juegos interactivos editados por Sallerio y producto de un grupo de dibujantes palermitanos inspirados en la figura del comisario Cicio Ingravallo de Gadda, interpretado cinematográficamente por Pietro Germi. Y aquí debo confesar que cuando comencé a imaginar a mi Montalbano, la imagen de Germi-Ingravallo estuvo muy presente. Sólo que mi comisario no es tan alto y tiene la cara un poco más alargada, de campesino.

Ahora a Montalbano mi pueblo, Porto Empedocle, le dedica una estatua. El autor es el mismo escultor que hizo el monumento a Sciascia en Racamulto. Y, al igual que el de Sciascia, también el de Montalbano será colocado en medio de la calle. Sciascia se pasea fumando un cigarrillo, Montalbano está recargado en una farola. Sé que muchos dirán que no se parece a Montalbano. Y muchos otros dirán que sí. Es inevitable: cada lector se crea su Montalbano. Como cada personaje novelesco, Montalbano es, pirandellianamente, unoninguno y cien mil.

* “Vi racconto la vera faccia del mio Montalbano”, en La Repubblica.it, abril 19, 2009: http://www.repubblica.it/2009/04/sezioni/spettacoli_e_cultura/intervista-camilleri/scrive-camilleri/scrive-camilleri.html.
(1) Camilleri nació en Porto Empedocle, Sicilia, el 6 de septiembre de 1925. Si bien dedicó más de cuarenta años al guión y a la dirección teatral y televisiva, debutó como novelista en 1978 con Il corso delle cose (El curso de las cosas), la primera de un conjunto de novelas históricas ambientadas en la Sicilia del siglo XIX. Sin embargo, fue con la publicación de una serie de novelas de género policiaco centradas en su personaje Salvo Montalbano (nombre otorgado en homenaje al escritor Manuel Vázquez Montalbán), que alcanzó mayor notoriedad.
(2) Nota del traductor: se refiere al inspector Salvo Montalbano, protagonista de una serie de 15 novelas de Camilleri.
(3) En la serie Il comissario Montalbano, dirigida por Alberto Sironi (1999-2008, 18 TV-films).
(4) En castellano: La ópera de Vigáta. Barcelona: Destino, 2008.
(5) N. del T.: aunque pareciera que este párrafo es contradictorio, en realidad Camilleri expresa su desilusión pues, a pesar de que ninguno de los dibujantes había “calcado” la figura de Zingaretti, no habían podido evitar basarse en el único referente físico que existía en aquella época del famoso comisario Montalbano.

Traducción: Ana Lara

analara@libero.it


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