Notas sobre cuadernos de notas

Rodolfo Omar Montero

I

“A pesar de tener infinidad de observaciones y reflexiones breves, más o menos epigramáticas, sin contar sueños, relatos cortos y dísticos, año tras año he postergado la publicación de mi anunciado libro de brevedades. Debo sentir que su publicación, en vida, excedería el límite de vanidad soportable”, dice Adolfo Bioy Casares en la nota introductoria a Descanso de caminantes, un libro que aglutina notas misceláneas procedentes de los cuadernos en los que registró su vida durante más de 50 años.

No me detengo en la decisión, pertinente o no, de publicar un cuaderno de notas, ni tampoco en las voces a favor o en contra de considerarlos un género híbrido de la literatura; tampoco en las estrategias específicamente mercantiles de las casas editoriales que los vuelven textos publicables; menos aún en lo poco o mucho que estos cuadernos pueden explicar o justificar la obra de determinado autor. Al respecto, Esperanza López Parada tiene un interesante ensayo titulado “Los cuadernos de notas o la escritura al margen” (1), un primer acercamiento a los cuadernos de notas de algunos escritores (Alfonso Reyes, Julio Ramón Ribeyro, Gide, los de la Pizarnik, Lezama Lima, José María Arguedas y otros tantos) y a la franca imposibilidad de considerarlos un género literario.

Agrego nada más que aquellos textos inclasificables que forman parte de un proyecto de publicación futura, nacidos de la conciencia de que serán leídos, o aquellos que son el resultado de la reunión de textos aparecidos aquí o allá y que encontraron cabida bajo el título de “cuaderno de notas”, o un blog (de grandes virtudes, por cierto, como plataforma de texto), difícilmente se pueden concebir un género literario, híbrido o puro. Eso sí, muchos de ellos son de gratísima lectura. “Tenía alguna razón Borges cuando desaprobaba los libros de brevedades. Yo replicaba que eran libros de lectura grata y que no veía por qué se privaría de ellos a los lectores”, continúa Bioy.

II

Me detengo en la íntima necesidad de anotar. Escribir brevedades tranquiliza, encauza apetencias, ansiedades. Un escritor sin un cuaderno de notas con entradas constantes corre el riesgo de dispersarse inevitablemente en el olvido, en el atroz olvido de lo que aconteció en su vida. Escribe Sergio Pitol en El viaje: “Debería revisar mis diarios de todo ese tiempo, como lo hago siempre antes de iniciar cualquier cosa, para revivir la experiencia inicial, la huella primigenia, la reacción del instinto, el primer día de la creación”, y en El mago de Viena: “Escribo un diario. Lo inicié hace 35 años, en Belgrado. Es mi cantera, mi almacén, mi alcancía. De sus páginas se alimentan vorazmente mis novelas […] Escribir un diario es establecer un diálogo con uno mismo y un conducto adecuado para eliminar toxinas venenosas”.

Las bitácoras, los diarios, los cuadernos de notas, son herramientas fundamentales para la creación literaria desde varias perspectivas, subrayo dos: ayudan a desarrollar la obra y a mantener el citado diálogo con uno mismo, o, como suele decir Aurora Ocampo, a dialogar con uno mismo para conocerse mejor. Cada individuo se relacionará más o menos cómodamente con estos cuadernos, con más o menos prurito en el estilo, con más o menos miedo de que alguien se asome a ellos, de que encuentre inconsistencias y un genuino espíritu de contradicción. Algunos permitirán que el instinto y el borroneo se filtren en esas hojas y de ellos aprovecharán, en futuras relecturas, las sensaciones y reacciones inmediatas que les suscitó la experiencia cotidiana, la evidencia de falsas motivaciones, los testimonios de su verdadera estatura.

Los cuadernos de notas son fuentes inagotables de aprendizaje, puentes hacia el orden y la disciplina necesarios para crear, son una suerte de mapa para orientarse en los recorridos hacia uno mismo, una escritura asistemática que permite establecer un cierto sistema de trabajo, ayudan a pensar por escrito: notable ejercicio que luego el oficio cultivará para algún texto susceptible de ser publicado o leído por segundas y terceras personas. Acompañarse de esta suerte de escritura provisional, de estas líneas al margen es un triunfo sobre el silencio, sobre la parálisis, es el testimonio del movimiento incesante de la creación literaria, el recurso mnemotécnico con el que se fraguan los proyectos futuros. “Como no soy nada disciplinada (siento por los escritores que trabajan de seis a nueve de la mañana el mismo tipo de admiración que me inspiran los trapecistas), la única forma en que logro escribir es llevando conmigo una libreta de apuntes. Esta novela se escribió en los andenes del metro, en los bancos de los parques, en los cafés y en las salas de espera de un par de médicos”, dice Guadalupe Nettel sobre el proceso de escritura de El huésped.

III

Hablar de cuadernos de notas de escritores parece una lógica determinada por la naturaleza de la actividad literaria. Sin embargo, cuando con mis ojos de intruso me asomo al cuaderno de notas de un director de cine, el famoso cuaderno de notas del Gordo, noto el poder transfronterizo de sus bondades.

Guillermo del Toro es un hombre sumamente interesante por razones que más o menos todos distinguimos y que no cabría comentar en este espacio. La inteligencia regada de modo provisional y apretado en este cuaderno de notas, del cual se publica una parte facsimilar en El laberinto del fauno. Guión cinematográfico de Guillermo del Toro (2), lo vuelve un documento de riquísima lectura y asombrosas revelaciones frente a sus dibujos y viñetas.

Una vez que se salvan las dificultades que ofrece la lectura de su escritura, ingresamos a una de las habitaciones más íntimas de la mente del creador. Según Alejandro González Iñárritu este cuaderno ha sido extraviado en múltiples ocasiones y se ha rescatado otras tantas, a veces el Gordo ha pagado hasta 500 dólares de recompensa a taxistas que sólo encontraron un cuaderno con una letra ilegible y monstruos bosquejados. Como muestra, transcribo una mínima selección de notas.

El cuaderno recoge continuamente ideas y diálogos para el guión de la película que está por filmar, en este caso El laberinto…:

–“Julio Vélez, buen actor para la Guardia Civil. Delgado”.
–“El fauno entra por entre los tablones del piso”.
–“Luciérnagas alrededor del fauno”.
–“En España antes de la guerra ya no nos soportábamos los unos a los otros. Eso no cambiará jamás”.
–“De medio millón de muertos 50% fueron ajusticiados”.
–“Cuando era niño mi padre me llevó muy cerca del abismo a media hora de Barcelona. Ahí me dijo: el vértigo, infaliblemente te recuerda de qué lado estás. Nunca olvides de qué lado estás”.
–“La vida es un laberinto y la muerte su solución”.

También recoge ideas para guiones de películas pendientes:
–“Se ríe de Hellboy como un inside joke sin decirle por qué y él se molesta mucho”.
–“Cuando no entiende las bromas HB se molesta con el showhost y le parte el escritorio en dos”.

Información diversa necesaria para el armazón de los guiones:
–“Expósito: abandonado o confiado a una institución”.
–“El wolfram fue aislado como elemento en 1783 y se [ilegible] del mineral wolframita”.
“En 1781 Carl. W. Scheele descubrió el ácido tungsténico. Sin: tungsteno”.
–“El wolfram se utilizaba para endurecer el acero. Lo usaban para endurecer los Panzer”.

Nociones sobre la crítica:
–“Crítico: hombre al que se le pide guía y ofrece su opinión”.
–“La crítica es la ilusión de participar en un acto de creación a través de una autopsia. El acto está ahí y existe y conmueve, confronta, la crítica lucha por refrendar y validar”.

Lo cotidiano, las impresiones que la vida le va dejando:
–“El día 3 de octubre fuimos a comer al Bulli la Ardillita y yo con los amiguetes Santiago, Fernando y [ilegible]. Fue un viaje precioso y estuvimos felices […] Pasamos el día siguiente en Barcelona y fuimos a ver la exposición de Pops en la Caixa. Creo que a Lorena no le impresionó demasiado”.
–“Hay quien piensa que Jacques Tourneur está muy influenciado por Von Sternberg, que es el gran [ilegible] del aire. Pienso, Yo anduve con un zombi, por ejemplo tiene en mi opinión su génesis en la exitosa Rebecca de Hitchcock y Selznick más que en ninguna otra cosa”.
–“Los cómics, al igual que los pulps antes que ellos no representaban a la élite. Sus puntos de vista políticos eran del hombre de la calle. Quizá por ello su odio hacia los nazis a los “Enemigos extranjeros” anticipa incluso la posición de EUA ante la WW II. Los años 30´s y los 40´s ven una explosión de héroes de todo tipo: la araña, la sombra, Joe [ilegible], Capitán América, Supermán, el vengador, etc. etc. Hellboy es hijo de los pulps”.
–“Visitar el museo de R. Dahl en Buckinghamshire”.
–“Nos pasamos la vida hablando de muertos, oído en un taxi”.
–“4/07/05 Me rompe el corazón la traición de M. Frost que entrega L07 a B.P. para dirigir sin siquiera consultarme. Hacerse hombre es quedarse sólo”. Se refiere a Mark Frost y a los derechos de The list of seven.

IV

Concluyo con un ejemplo más del caldo primigenio que exudan los cuadernos de notas, se trata de una nota sobre un cuaderno de notas proveniente de un cuaderno de notas. Tomo la cita de Formas breves de Ricardo Piglia:

En uno de sus cuadernos de notas Chéjov registra esta anécdota: “Un hombre, en Montecarlo, va al Casino, gana un millón, vuelve a su casa, se suicida.” La forma clásica del cuento está condensada en el núcleo de ese relato futuro y no escrito. Contra lo previsible y convencional (jugar-perder-suicidarse) la intriga se plantea como una paradoja. La anécdota tiende a desvincular la historia del juego y la historia del suicidio. Esa escisión es clave para definir el carácter doble de la forma del cuento.

(1) Esperanza López Parada. “El cuaderno de notas o la escritura al margen”, en Medio siglo de literatura latinoamericana 1945-1995. Volumen I. México: UAM, 1997. Pág. 271-282. (Colección Cultura Universitaria, 67, Serie Ensayo).

(2) Guillermo del Toro. El Laberinto del fauno. Guión cinematográfico de Guillermo del Toro. Pról. Alejandro González Iñárritu. Madrid: Ocho y medio, 2006. (Colección espiral).

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