Historias escuálidas y conmovedoras
en la renovación del género policial cubano.
Las cuatro estaciones de Leonardo Padura Fuentes

Luisa Pérez Ocampo

Admirador de los maestros estadounidenses de la novela negra, Raymond Chandler y Dashiell Hammet, Leonardo Padura Fuentes (La Habana, 1955) se propuso escribir una novela policíaca a la altura de los tiempos, de la ética y del desencanto, como dicen algunos, además de rescatar al género de la extinción a la que parecía condenada en su país. Inserto en el neopolicial latinoamericano que sugiriera Paco Ignacio Taibo II a mediados de los años setenta, Padura Fuentes forma parte de un grupo de escritores comprometidos, según las características propias del género, a mostrar los lados más oscuros de nuestras sociedades, partiendo de las pasiones humanas como motivaciones del delito, como lo hicieran los creadores del Hard Boiled.

Si bien desde sus inicios la literatura policial ha tenido una gran recepción en Latinoamérica, primero entre los lectores y después entre los autores del género, el caso cubano ha corrido con una suerte particular ligada, en buena medida, a la política de la isla. Durante los años setenta, cuando la mayoría de los países latinoamericanos optaba por la renovación del género policial con obras política y literariamente contestatarias, en Cuba sucede todo lo contrario. Desde que el Ministerio del Interior organizó un concurso de literatura policiaca a nivel nacional, con un apoyo y una difusión total del Estado, se tenía la intención de crear una novela policial cubana y revolucionaria, pues se veía como un vehículo para prevenir actividades delictivas y los sabotajes contra la Revolución. Con ello, el género policíaco se cargó de una responsabilidad extraliteraria y se propuso ser un reflejo, entre artístico y oficial, de la sociedad, de sus cambios y de la lucha que sostenía la isla en contra de los países capitalistas y los intentos contrarrevolucionarios. En este sentido, se escribieron novelas y relatos de espionaje o contraespionaje que respondían a la singularidad política del país bajo una serie de medidas creadas para ello: a) el delincuente se enfrenta al estado revolucionario; b) el investigador no es un aficionado, sino un verdadero policía que representa al pueblo; c) el investigador recibe la colaboración de las organizaciones populares de la Revolución, especialmente de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR); d) el detective no trabaja por su propia cuenta, sino que forma parte de un equipo que realiza una investigación de manera coordinada y científica. Con estas medidas el género consiguió un lugar privilegiado en la política editorial del país.

Dentro de estos parámetros se encuentran varias novelas y cuentos policiales de la época, los cuales sacrificaron la calidad literaria para cumplir con los puntos preestablecidos. Los delincuentes característicos de esta etapa son principalmente prostitutas, homosexuales, ladrones antirrevolucionarios, etc. Se trata de obras esquematizadas que se concentran en la lucha de los buenos contra los malos, lo que desgastó al género, lo volvió repetitivo y predecible, e hizo que se desarrollara bajo una atmósfera de vigilancia.

A grandes rasgos éste fue el camino que siguió el género policial en la isla hasta que el contexto político-social del país se modificó y Cuba se instaló en el Período especial en tiempos de paz durante la década de los noventa. Entre los diversos cambios que se dieron en esta época, hubo una apertura cultural que dio lugar a ciertas transformaciones, como dejar de lado las loas y las referencias recurrentes a los episodios revolucionarios. El período especial llevó a Cuba a más de una crisis económica; paradójicamente, en los momentos de mayor escasez monetaria se vive una importante renovación cultural, especialmente en las letras cubanas. La crisis generó cierta independencia de los escritores, que se separaron de la tutela de las editoriales del Estado para buscar la oportunidad de publicar en editoriales extranjeras, lo cual supuso mayor libertad creativa, es decir, poder abordar sin restricciones temas que antes eran conflictivos, o simplemente innovar técnicas sin limitaciones, como fue el caso particular de la novela policial. No obstante, dicha renovación implicó enfrentarse a la dura realidad de la isla debido a la crisis económica, y han sido los escritores formados durante la década de los cincuenta y años posteriores quienes abordaron los nuevos fenómenos que tenían frente a ellos: la dolarización de la economía, la escasez de productos, el aumento del mercado negro, el turismo sexual, la prostitución (jineteras y pingueros), el tráfico de bienes, etcétera.

Dentro de esta renovación general de las letras cubanas aparece la tetralogía policíaca de Leonardo Padura Fuentes, Las cuatro estaciones, que se compone de las novelas Pasado perfecto (1991), Vientos de Cuaresma (1994), Máscaras (1997) y Paisaje de otoño (1998). En lo general, en estas obras el autor retoma los crímenes y delitos motivados por las pasiones humanas, al tiempo que deja de lado el espionaje y la lucha entre revolucionarios y contrarrevolucionarios. Asimismo, hay críticas hacia ciertas instituciones y estructuras de poder, e incluso se exhibe la pasividad y la inoperancia de las fuerzas de seguridad, situaciones imposibles en el modelo de literatura policial impulsado por el Ministerio del Interior. De modo que se puede considerar a la renovación de las letras cubanas como una respuesta crítica hacia las normas literarias de aquella época.

Ubicadas en el año de 1989, cada una de las novelas que conforman Las cuatro estaciones corresponde justamente a una estación del año: Pasado perfecto inicia el 1° de enero, cuando aún es invierno; Vientos de cuaresma inicia el miércoles de ceniza, en la época de anunciación y epifanía del calendario cristiano durante la primavera; Máscaras transcurre en medio del sofocante calor del verano, y Paisaje de otoño cierra con la época de huracanes que caracteriza a esta estación. Cada una de las etapas de las cuatro novelas también se relaciona con distintos episodios de la vida del investigador Mario Conde (alter ego del autor) y a su grupo de amigos, “hombres nuevos” que comparten una misma generación y la creencia de que tenían un futuro prometedor, pero que a final de cuentas la vida los llevo a ser lo que pudieron y no lo que quisieron ser.

Así, con su incursión en la novela policíaca, Leonardo Padura Fuentes tiene la intención de escribir algo totalmente diferente a lo ya existente y con ello romper las normas del modelo impuesto por el estado: a lo largo de la serie Mario Conde resuelve una serie de crímenes cometidos por “delincuentes de cuello blanco” que salieron de las filas del Estado y traicionaron al pueblo cubano, mientras que ahora los Comités de Defensa de la Revolución parecieran ser más una referencia al espionaje vecinal que a la supuesta ayuda de otros tiempos; a su vez, el ambiente de trabajo en la central de policía es hostil, incluso la desconfianza y la corrupción han alcanzado a la institución.

Mención aparte merece la figura del detective creado por Padura Fuentes. En lugar del investigador que forma parte de un eficaz equipo policiaco, encontramos a Mario Conde, un hombre de 35 años que dejó inconclusos sus estudios de psicología por motivos económicos y que no logra entender con certeza por qué se convirtió en policía. Es un hombre culto, aficionado al béisbol, a la música y a la cocina; es escéptico, irónico, un poco cínico y machista. Puede despertar cada lunes con la resaca del día anterior y cantar boleros si comienza a enamorarse perdidamente; es melancólico, desencantado, y tras diez años de servicio desea retirarse a escribir una historia escuálida y conmovedora para salvarse de las miserias humanas que se ven en un empleo como el suyo. Su estilo de trabajo también es distinto al de los investigadores eficientes, pues “cada vez más su metodología se basaba en presentimientos, prejuicios y chispazos que en razonamientos estadísticos o conclusiones de lógica estricta”. De hecho, Mario Conde prefiere trabajar solo. Sin embargo, a pesar de sus pocas virtudes como policía disciplinado, tiene una moral propia en que la amistad, la lealtad y el afecto ocupan un lugar prioritario.

Por otro lado, en la tetralogía se pueden apreciar diversas situaciones de la vida cubana, que van de la escasez de bienes, servicios y alimentos, al mercado negro y la cocina tradicional, y hasta referencias a personajes habaneros que resurgieron durante el periodo especial, aquellos que fueron desaparecidos o socialmente rechazados, como los homosexuales o los creyentes católicos. La misma ciudad de La Habana es otra constante, como lo es también la guerra de Angola. Asimismo, se ponen en relieve otra serie de temas que se repiten a lo largo de la tetralogía y que han tenido gran importancia e impacto en la vida de los cubanos, tales como el oportunismo político y cultural, el exilio y la diáspora. Más allá de los crímenes y el consiguiente descubrimiento de los culpables, estos temas llevan a Mario Conde y compañía a reflexionar sobre cuestiones que han causado incertidumbre en diferentes momentos de la historia cubana reciente, como la frustración de los hombres nuevos y los procesos de parametración1 que se llevaron a cabo durante los años setenta, asuntos espinosos que han propiciado diversas opiniones y debates en Cuba.

Luego entonces, a partir del rechazo del modelo de novela policíaca que se impuso oficialmente, Leonardo Padura Fuentes elaboró una serie de novelas que no sólo rompieron con las convenciones del género, sino que también lo renovaron. Las cuatro estaciones y su personaje central, Mario Conde, transformaron un género literario que en el pasado tenía la función de prevenir el delito, educar a la población y construir la imagen de un enemigo común para que los ciudadanos supieran lo que debían hacer cuando lo encontraran: siempre luchar en su contra de manera organizada y a favor del Estado.

Sin embargo, más allá de la inovación que confirieron al género policial, las novelas que componen Las cuatro estaciones, escritas con un estilo directo y aparentemente sencillo, nos llevan a compartir un año en la vida de Mario Conde, cuyas experiencias quedan muy lejos de ser meros ejercicios intelectuales o una serie de soluciones para distintos enigmas, y se convierten en una especie de radiografía del pueblo cubano. En torno a los crímenes gira una serie de conflictos que revelan una sociedad de fin de siglo que ha vivido importantes cambios, pero la intención de Padura Fuentes no es recrear los hechos históricos, sino exteriorizar los sentimientos que estos acontecimientos produjeron en los ciudadanos. El autor comparte entre líneas sus opiniones, pero, por encima de todo, consigue reflejar las rupturas sociales, las inquietudes existenciales, los dolorosos cambios o la incertidumbre de la población ante ciertos procesos, todo esto dentro de historias escuálidas y conmovedoras que se dirigen a los sentimientos más que a la razón. A lo largo de la saga, Padura Fuentes nos recuerda una y otra vez que entre el negro y el blanco hay una amplia gama de grises, que no hay buenos ni malos, sino matices y detalles a tomar en cuenta, lo cual se ajusta con total validez a la sociedad cubana, inmersa en un proceso de constante reconstrucción y rectificación social.

Lo que es un hecho es que la tetralogía de Las cuatro estaciones y Mario Conde ya ocupan un lugar de privilegio en la novelística cubana de los últimos años; su creador, Leonardo Padura Fuentes, se ha convertido en uno de los escritores cubanos más leídos, pues además de insertar la novela policial de la isla en el panorama internacional, su particular estilo es ya un referente para los amantes del género.~

1 A partir de los resolutivos del Congreso de Educación y Cultura de 1971, se establecieron rígidas normas de creación y comportamiento para los artistas, se cuestionaban y hasta juzgaban sus posibles debilidades ideológicas así como su comportamiento sexual; es decir había que vivir y trabajar bajo ciertos límites, a lo que se llamó parametración.

ocampo_luisa@hotmail.com


Índice:

Disecciones

Al margen

¿Deseas colaborar en letras e intrusiones? Escribe un correo a letraseintrusiones@yahoo.com.mx

A %d blogueros les gusta esto: